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Lo que tu cuerpo sabe antes que tú

Vivimos en un mundo que corre, que empuja, que exige. Un mundo donde muchas veces el cuerpo es el último en ser escuchado. Pero el cuerpo siempre habla, incluso antes de que podamos entender con la mente. A veces susurrando, otras veces gritando. Todo lo que sentimos en él, una tensión, un dolor, una incomodidad, es un mensaje que merece ser atendido con amor.

Mi cuerpo me habló… y esta vez lo escuché

Durante meses sostuve muchas cosas hermosas, pero también muy demandantes: clases, talleres, proyectos nuevos, sueños que comenzaban a florecer… y, sobre todo, la maternidad. Con un bebé pequeño y apenas tres horas de sueño por noche, mi cuerpo empezó a apagarse. Me dolía. Me pesaba. Se me hacía difícil incluso moverme con la energía que solía tener. Hasta que un día, algo dentro de mí se quebró con dulzura:

“En todas mis clases recalco una y otra vez: escucha tu cuerpo, cuídalo, sé compasiva con él. Honra tu ritmo, aunque eso signifique no llegar a la postura completa, aunque eso implique descansar. Y si lo digo… ¿por qué no lo estoy haciendo yo también?”

Con el corazón lleno, pero el cuerpo cansado, tomé una pausa. Lo dije en voz alta y con verdad:

“Hoy decido cuidarme.”

Es por ello que muchas veces, antes de que la mente entienda, el cuerpo ya sabe. Sabe cuándo estamos sobrepasadas, cuándo necesitamos soltar, cuándo ya es suficiente. Y no solo guarda cansancio: también guarda emociones, historias, creencias que ya no nos pertenecen. Es, en sí mismo, un oráculo que puede guiarnos si aprendemos a leerlo con presencia.

¿Qué te puedo aconsejar?

  • Detente al menos 5 minutos al día en silencio y pregúntale a tu cuerpo cómo se siente.
  • Haz un escaneo corporal lento, respirando en cada zona que sientas tensa o adormecida.
  • No te obligues a hacer más si lo que necesitas es descansar.
  • Recuerda: ir más lento también es avanzar.
  • Deja que tu práctica de yoga no sea una exigencia, sino un refugio. Un hogar donde escucharte y volver a ti.